Las tiendas de tarjetas de felicitación invaden las avenidas comerciales de Inglaterra. En una misma acera de una calle no muy transitada te puedes encontrar varias, a poca distancia unas de otras. Cuando las descubrí me acordé de la película 500 days of Summer (que, por cierto, me gusta mucho). En ella, el protagonista diseñaba tarjetas de este tipo. Cuando la vi hace algo más de un año no entendía esa profesión, ¿de verdad alguien se puede ganar la vida con eso?... Ahora, viendo el tirón que tienen esos trozos de cartulina coloreados, sí lo entiendo.
Son locales sobre-azucarados, donde predomina el blanco y el rosa y que están invadidos por ositos de peluche, cachorritos varios, flores, lacitos, globos, corazones y demás preciosidades que, aunque uno a uno son inofensivos, en conjunto son definitivamente terroríficos. Dentro hay tarjetas para toda ocasión imaginable: para felicitar el cumpleaños a tu abuela, para compartir la felicidad que te invadió al saber que tu sobrina había dejado de llevar pañal, para desear que tu jefe se recupere pronto del ataque de un pez payaso salvaje o para celebrar el nacimiento de los hijos del tamagochi de tu novia. ¡Y no exagero! …Bueno sí, sí exagero.
Lo primero que me sorprendió fue que hubiera tantas tiendas de este estilo, que se dedicaban única y exclusivamente a vender tarjetas, ¿cómo podían sostenerse? ¿Cómo es posible que fueran rentables? Que supongo yo que aquí cumplen años una vez cada 365 días, como el resto de la humanidad, ¿no? Todo esto sin olvidar, por supuesto, que en todas las grandes superficies tienen también unos cuantos expositores rellenos con felicitaciones. Pero pronto me di cuenta de que las usan para cualquier cosa, aquí es toda una tradición. Por ejemplo, el padre de mi host family le da una tarjeta a su propia mujer, que vive bajo su mismo techo, para felicitarle la Navidad. Ella me lo contó con cara de desconcierto… se nota que no es inglesa.
Una vez acepté que simplemente utilizaban estas tarjetas floreadas y ñoñas para todo y después de haberlo meditado un poco, lo que llamó mi atención fue lo irónico que resulta que, sin embargo, en el trato directo sean tan fríos, tan poco cariñosos. Puede que sólo sea mi percepción o la gente concreta con la que me he cruzado, por supuesto, pero aun así supongo que estaréis de acuerdo en que los ingleses no se caracterizan por su efusividad afectiva.
Quizás por eso mismo se multiplican las tiendas de tarjetas. Es más fácil ir y comprar una tarjeta que diga “eres el padrino más maravilloso del mundo” que tener que darle dos besos a tu padrino cuando te despides de él después de alguna reunión familiar. Es más fácil mandar abrazos, cariño, besos, amor y buenos deseos cuando puedes ir a la tienda y comprarlos por sólo una libra los 100 gramos. A mi tanto sentimiento prefabricado me parece absurdo y poco original, no entiendo como pueden conformarse con esos sustitutos de cartón tan incompetentes ... Y, si os digo la verdad, ¡espero no entenderlo nunca!
Todo el mundo que va a vivir allí coincide con esa frialdad de los ingleses.. No mola :((
ResponderEliminarEstoy deacuerdo contigo Ali!
ResponderEliminarpoco saben ellos d lo q es la vida realmente.
Es simplemente otra forma de ser,que a mi me parece rara, claro.
ResponderEliminarAún así, cualquiera de esas tiendas podría ser el escenario de una historia de miedo, en serio! Pensaré sobre el tema ;)